La linestra (tubo fluorescente) se puso de moda en los años ochenta, posiblemente porque remitía a los tubos de neón de los primeros años de la modernidad. En parte, la posmodernidad se define por su mirada desprejuiciada y lúdica a los estilos históricos, a una recuperación del art déco y de los orígenes de la modernidad.
Esta lámpara de construcción tan básica y elemental deja todo el protagonismo a la linestra, dejando la parte del soporte en una simple varilla curvada y un pie también cilíndrico. Igualmente, los colores blanco y negro pertencen a una determinada corriente posmoderna de eliminación de la gama cromática que también podemos encontrar, por ejemplo, en los dieñados de Mario Botta o Phillipe Starck.