Y Colorín Colorado, la modernidad se ha acabado.
A finales de los años setenta, cuando la posmodernidad aún se estaba fraguando, Eduardo Albors ya miraba en otra dirección diferente a lo que la modernidad había significado. El mero funcionalismo, el organicismo, el brutalismo, el estructuralismo y otros tantos ismos habían agotado el concepto de lo moderno. Los hogares necesitaban un toque lúdico y más ingenuo. Colorín va precisamente en esta dirección de diseñar una lámpara como si fuera un juego infantil de construcciones. Los colores básicos y el carácter constructivo remiten a las propuestas de la Bauhaus, pero ya desde una mirada desprejuiciada, y de revisión histórica de una modernidad ya muy antigua.
Este es el modelo pequeño de la serie producida por Lamsar y sirve tanto de lámpara de mesa como de aplique de pared.